jueves, 6 de noviembre de 2014







Dos de noviembre Día de los Difuntos




EL 2 de noviembre para las culturas de nuestro pais encierra un mismo simbolismo: los difuntos. Se trata de una de las celebraciones más arraigadas de nuestra cultura.
En el período prehispánico los difuntos ocupaban un lugar importante en las creencias de los grupos humanos, las investigaciones arqueológicas han demostrado que nuestros antepasados creían en el más allá y que establecieron una posible relación entre las personas y los seres del ‘otro mundo’.
La iglesia Católica en su afán de guiar hacia la salvación a los fieles, introdujo en el calendario litúrgico un día específico para dedicarlo a rezar por las almas del purgatorio. Este día es el dos de noviembre.
La obligación de los católicos se combina con creencias prehispánicas por las que el difunto cobra renovada importancia, esto se manifiesta en el cuidado y adorno de las sepulturas, así como en la preparación de la tradicional colada morada y las guaguas de pan.
El cementerio se convierte en este día en el lugar preferido para visitar a los difuntos. En algunas   áreas rurales, la gente lleva a la tumba de sus antepasados colada morada, guaguas de pan, cuyes, papas, ocas y habas.
Allí todos comparten no solo la comida sino también las novedades e inquietudes de la familia, es decir, le ponen al difunto al día sobre los acontecimientos ocurridos desde su partida o desde la última vez que lo visitaron. El dos de noviembre sigue siendo para muchos un verdadero reencuentro con los antepasados.
En los días previos y en el día mismo de los Difuntos, algunos hogares preparan unos panes llamados “guaguas” (en Quichua la palabra guagua significa niño de pecho) estos panes  se acompañan con una bebida espesa que se llama “colada morada”, la que tiene el color de su nombre y esto porque para su preparación se utiliza harina de maíz negro, mortiño, mora y otros ingredientes como: canela, ishpingo (flor de canela), clavo de olor, azúcar y arrayán.
Entre los indígenas la celebración es diferente, aunque también consumen la colada morada y las guaguas de pan. La diferencia de la celebración es que los indígenas llevan todos sus alimentos para ingerirlos en el cementerio. Entre los indígenas hay la idea de que la muerte es una transformación, no un desaparecer, por tal motivo ellos llevan  la comida para comer junto a los difuntos.
En la actualidad se puede ver la tradición de alimentar a los muertos justamente el dos de noviembre, para esta alimentación ritual que hacen a los muertos, los indígenas hacen un orificio en la tierra calculando que este coincida con el lugar donde estaría la boca del muerto, en ese orificio colocan recipientes con los alimentos, colada morada, helados, sodas, pan agua, etc.
Así cada País recuerda con ritos y tradiciones a sus seres queridos, todo esto es parte de una cultura que nos hace únicos en valores y sentimientos.
La Comunidad Inmigrante que no puede viajar en esta día a visitar la tumba de su seres queridos, hace lo  posible por seguir y recrear sus costumbres desde donde esta como es el caso de la comunidad Mexicana en la Ciudad de Minneapolis, MN en los Estados Unidos, que año a año elaboran vistosos altares en la iglesia de Santo Rosario. Los mismos que están expuestos desde el el 26 de Octubre hasta el 8 de Noviembre. 
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El 2 de noviembre de cada año se celebra el Día de los Difuntos, fecha de singular importancia en el calendario de nuestras fiestas populares que se caracterizan por una mezcla de folklore, tradiciones y costumbres ancestrales. 
En estas fechas como parte de un rito ancestral se elabora y se consume la colada morada, una bebida hecha de maíz negro, especias, hierbas aromáticas, mora, mortiño, piña y otras frutas; y, las “guaguas” de pan, moldeadas y adornadas con forma de niño pequeño, a veces rellenas de dulce.

En ciertas comunidades indígenas los habitantes van al cementerio a visitar a sus muertos, familiares y seres queridos, con los que metafóricamente comparten los alimentos que llevan, comiendo en el mismo lugar de las tumbas, ritual que se realiza con la creencia de que la muerte es un mero paso a otra vida similar a ésta.
Son reconocidos por estas tradiciones el cementerio de Calderón, que se encuentra a 15 minutos de Quito, así como el de Otavalo y Cotacachi, en la provincia de Imbabura. En Ambato se realiza también una feria de artesanías, en la que se acostumbra regalar juguetes artesanales a los niños, razón por la que tomado el nombre de “Navidad Chiquita”

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